Caifanes en el Palacio: cuando la música se vuelve ceremonia.

Caifanes en el Palacio: cuando la música se vuelve ceremonia.

Txt: Luis Ángel Grace

Fotografías: OCESA / Lulú Urdapilleta

La banda considerada de culto, Caifanes, anotó dos sold outs en el Palacio de los Deportes entre un número incontable de presentaciones que ha tenido en este recinto, y que continúa trayendo novedades en cada una de ellas.

Saúl Hernández, Alfonso André y Diego Herrera, miembros fundadores de la agrupación, salieron acompañados por el guitarrista Rodrigo Baills y Marco Rentería en el bajo para deslumbrar las noches del 8 y 9 de diciembre en un par de recorridos musicales de 29 canciones.

La agrupación salió a entregarse en el Domo de Cobre con un poco más de treinta minutos de atraso, con los temas «Hasta que dejes de respirar», «Detrás de ti», la enigmática «Viento» y «Te estoy mirando», estas últimas dos extraídas de su carta de presentación homónima Caifanes, del año 1988.

Tuvimos el estreno del sencillo Inés.

Y hablando de años, además de este LP con el que entraron a los oídos del inconsciente colectivo, Caifanes lanzó el álbum sin título que se ganó el nombre de El diablito por el dicho popular (1990); el disco producido por Adrian Belew, El silencio, de 1992 y El nervio del volcán estrenado dos años después. Después de su separación y a la reunión posterior en 2011, únicamente han sacado tres sencillos.

Uno de ellos sonó con «Inés», una historia trágica de una muchacha que desea subir hasta el cielo en compañía del Ángel.

Saúl comentó: «Cerrar aquí nuestra gira en nuestra casa es algo muy eufórico siempre, el aplauso es para ti raza, no para nosotros, muchas gracias por estar aquí».

Sigue la ceremonia de la raíz musical.

La ceremonia de los clásicos continuó con «Nunca me voy a transformar en ti» y «Debajo de tu piel» que hicieron eco por todas las esquinas y rincones del foro. ¿Faltaba alguna rola después de una dosis rockera? Caifanes dejó su legado antes y después de la popularidad de este género.

«Los dioses ocultos» reclamaron el sacrificio humano en la gran Tenochtitlan, bajando desde el cosmos y postrándose en las voces y coros de André y Diego, permitiendo que las influencias que viven en Saúl le hicieran presentar a Memo Briseño, el primer invitado de la noche, con el tema «María de mis alquimias».

Caifanes respalda los movimientos sociales.

Después de que Saúl pidiera el batir de palmas para Briseño, invitó a todos a reflexionar sobre la cuestión de seguridad que existe en el país, sobretodo en cuestión de violencia contra las mujeres: «Este tema no me corresponde hablarlo a mí, así que voy a invitar a alguien a pasar al escenario», y presentó a Vivir Quintana para cantar «Canción sin miedo» y alzar el canto por este movimiento de conciencia.

Las luces violetas de los movimientos sociales llenaron el foro entre gritos y aplausos, e incluso algunas emociones encontradas.

Caifanes también levantó la voz por los desaparecidos en su canción «Antes de que nos olviden», dejando ver que es una banda de protesta que abre los espacios para que se escuche el ruido contra la indiferencia.

Un show largo rumbo a las cuatro décadas.

 

Las luces se apagaron y entre la oscuridad las luciérnagas de los celulares se encendieron, para corear «Nubes», «Cuéntame tu vida» y el más que aplaudido tema de «Mantéenme porque me muero».

El show iba llegando a su punto más álgido y culminante cuando el quinteto dejó caer ante el Palacio «Perdí mi ojo de venado» y «Afuera», dos sencillos imperdibles en el trabajo de la agrupación.

¿Qué se espera para su concierto celebrando cuatro décadas de carrera? Aunque estuvieron separados entre 1996 y 2011, la banda va por los cuarenta años en 2026, un año que ya no se ve tan lejano.

Para cerrar su primera noche desde el Palacio de los Deportes, Saúl entonó «Aquí no es así» y la composición de Juan Gabriel, «Te lo pido por favor«, rolita que llevó una dedicación emotiva.

«La célula que explota» y «La negra Tomasa» le dieron el final a la noche mágica que pasó de ser un concierto de clásicos del rock mexicano a una ceremonia a la vida, y a la conciencia social.

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