José Madero y la prueba de que no era un error insistir.

Txt y fotos :Kike Lindemann

Con el tour Érase una bestia, José Madero vivió una de las noches más importantes y emotivas de toda su carrera al presentarse por primera vez como solista en el Estadio GNP Seguros, celebrando además 10 años de trayectoria fuera de su antigua banda. Lo que ocurrió esa noche fue mucho más que un concierto: fue la culminación de un sueño que durante años existió solo en su mente y que finalmente se materializó frente a más de 65 mil fanáticos que lo acompañaron con una entrega absoluta.

Desde horas antes del inicio, el ambiente ya era distinto. El público comenzó a llenar el estadio vestido mayoritariamente de morado, un color que se ha convertido en símbolo de identidad entre sus seguidores: camisetas, sudaderas, paliacates e incluso maquillaje teñían el recinto. Muchos pensaban que José Madero aparecería con ese mismo color, pero sorprendió al subir al escenario con una camisa negra y pantalón oscuro, sobrio y elegante, dejando claro que la atención estaría puesta en la música, las palabras y la emoción compartida.

El concierto arrancó con Campeones del mundo, seguida de Mentón Abajo, Baila Conmigo y ¿A poco no?, provocando un coro inmediato que retumbó en todo el estadio. Desde los primeros minutos, la conexión entre el artista y su público fue evidente. El primer gran momento emocional llegó con “Cantar de gesta”. Antes de interpretarla, José Madero se tomó unos minutos para hablarle a su gente. Visiblemente nervioso, pero profundamente conmovido, habló sobre la constancia, los errores, las derrotas y la ironía de no ser “el favorito”. Agradeció a quienes han estado desde el día uno —o incluso desde el día cero— y reconoció que llegar hasta ese escenario, después de diez años como solista, era algo que durante mucho tiempo solo había imaginado.

El recorrido musical fue extenso y cuidadoso, abarcando gran parte de su discografía. Sonaron temas fundamentales como Gardenias ’87, Plural siendo singular, Lamentable, MCMLXXX, Documentales y Final Ruin, esta última acompañada por el Mariachi Juvenil de Tecalitlán, creando uno de los momentos más aplaudidos de la noche. La intensidad continuó con Noche de brujas, Teoremas, etc, Violencia, Zero y Codependientes, estas dos junto a Zaira Jabnell, aportando dinamismo y contraste al espectáculo.

Uno de los momentos más impactantes llegó cuando José Madero revisó su pasado con Panda (PXNDX). Narcisista por excelencia apareció como un golpe directo a la nostalgia, mientras que Cuando no es como debiera ser —interpretada por primera vez desde la separación de la banda hace 10 años— provocó un canto masivo, desgarrado y cargado de emoción. Más adelante, Nuestra aflicción, presentada por primera vez en su versión completa en vivo, terminó por romper cualquier contención emocional entre los asistentes.

El concierto también tuvo un bloque acústico montado en una plataforma cercana al escenario principal, donde la atmósfera cambió por completo. La cercanía permitió un momento íntimo y honesto con canciones como Los de septiembre, los covers Every Rose Has Its Thorn y Heartbreak Station, además de Nueva Inglaterra, Noche de baile, Lo dorado desvanece, Vidrio por doquier y Mercedes. Miles de luces de celulares iluminaron el estadio mientras el público acompañaba cada nota con respeto y emoción.

De regreso al escenario principal, el cierre fue contundente y profundamente emocional. Sonaron Lunes 28, A tu merced, O discordia, Cerraron Chipinque, Día de mayo, Sinmigo y Ojalá, preparando el terreno para la despedida. Antes de la última canción, José Madero tomó nuevamente el micrófono para agradecer a su staff, disculparse si en algún momento no cantó como debía y compartir que esa noche jamás se le olvidará. Además, emocionó al público al revelar que ya se encuentra trabajando en nueva música, provocando una ovación inmediata.

El concierto cerró con “Soy el diluvio”, un final poderoso que selló una noche irrepetible. Más que un concierto, fue la confirmación de que los sueños sí se cumplen cuando se construyen con honestidad, paciencia y amor por la música. José Madero no solo llenó un estadio: dejó una huella profunda en cada persona que estuvo ahí.

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