Entre luces del pasado y sueños nuevos: Javiera Mena llenó el Lunario de nostalgia y brillo.

Txt y Foto:Kike lindemann

Javiera Mena convirtió el Lunario en una pista emocional donde el electropop, la nostalgia y la reinvención convivieron durante una noche impecable. Con una puesta en escena elegante y una conexión total con el público, la artista chilena presentó un show donde el corazón del repertorio estuvo marcado por las canciones de su nuevo álbum Inmersión, dejando claro que atraviesa una etapa creativa luminosa y arriesgada.

La velada abrió con El Amanecer, una entrada hipnótica que fue creciendo entre luces tenues y sintetizadores envolventes, como si el recinto despertara junto a ella. Después, Hasta la Verdad elevó la intensidad con un pulso más directo y una interpretación firme, mientras el público respondía desde los primeros versos. Sincronía Pegaso se sintió futurista y magnética, una de esas canciones donde todo parecía moverse al mismo tiempo: escenario, sonido y audiencia. Con Corazón Astral, el Lunario entró en una atmósfera más íntima; voces y miradas acompañaron uno de los momentos más sensibles de la noche. Luego llegó La Joya, brillante y elegante, con una energía que hizo bailar sin perder sofisticación.

Uno de los pasajes más especiales ocurrió con Sol de Invierno, interpretada al piano junto a Gepe. La canción tomó una dimensión profundamente emotiva, desnuda y cercana. La colaboración continuó con Mar de Coral, donde ambos lograron un instante cálido y delicado, de esos que silencian al público por admiración antes del aplauso. Más tarde, Esquemas Juveniles trajo una vibra juguetona y nostálgica, mientras Technomix Sin Flashback encendió el lado más experimental del concierto, con bases electrónicas que hicieron vibrar cada rincón.

En la segunda parte del show, Javiera navegó entre distintas emociones con absoluta naturalidad. NANA, precedida por una introducción envolvente, se sintió cinematográfica. Palacio de Hielo mostró una belleza fría y elegante, mientras Pez en el Agua fluyó con soltura y frescura. Absurda desató una reacción inmediata: coro general, baile y celebración total.

El cierre fue una cadena de himnos. Otra Era sonó poderosa, como una declaración de identidad artística. Acá Entera reafirmó esa idea con fuerza y libertad. En Sufrir / La Carretera, la mezcla de emociones provocó una de las ovaciones más grandes. Luego sorprendió con Yo No Te Pido la Luna, transformando el Lunario en una fiesta absoluta. Luz de Piedra aportó un respiro elegante antes del desenlace, y Al Siguiente Nivel cerró la noche con una consigna perfecta: seguir avanzando.

Más que un concierto, lo de Javiera Mena fue una celebración de evolución musical. Inversión encontró vida en directo y confirmó que su presente artístico no solo mira hacia adelante: también invita a todos a acompañarla.

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